Para llenar el vacío
Entrevista con J.Mª Fericgla publicada
en el Tercer Especial sobre Marihuana de la Revista Ajoblanco.
El texto ha sido reproducido con permiso del
autor.
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Entre
otras actividades relacionadas con su condición de psicólogo
y antropólogo, Josep Mª Fericgla consigue desentrañar
los conflictos del inconsciente humano al trasluz de la ayahuasca, una sustancia
enteógena que nos permite ver (y comprender) lo que llevamos dentro.
Josep Mª Fericgla dirige, junto al científico estadounidense
Richard Yensen -especialista en psicótropos aplicados en terapia
psicodélica-, el recientemente creado Instituto de Etnopsicología
Aplicada y Estudios Cognitivos. Puesto en marcha gracias a la confluencia
espontánea de diversos intereses durante la celebración del
I Seminario sobre Estados Modificados de Consciencia y Psicoterapia en Barcelona,
recoge los frutos del Instituto de Prospectiva Antropológica en el
que Fericgla viene trabajando desde hace años. La nueva institución
podría considerarse la semilla de un nuevo marco teórico para
una mejor comprensión del ser humano. Tanto Fericgla como Yensen
consideran que las substancias enteógenas utilizadas correctamente,
permiten romper temporalmente la estructura del sistema cognitivo humano
para que las personas comprendan los entresijos de su inconsciente. Una
experiencia reveladora que puede ayudamos, con el apoyo de un profesional
entrenado, a adquirir nuevas armas para afrontar nuestra vida con creciente
libertad.
¿Qué son los enteógenos?
Son substancias que permiten modificar, en cierto sentido, el estado habitual
de nuestra consciencia. También se pueden conseguir estos estados
con respiraciones o con técnicas mucho más lentas como la
privación sensorial de los ascetas cristianos en la Edad Media, que
se metían en una cueva durante semanas sin comer, sin luz y sin nada.
Yo me sirvo de substancias, de ciertas respiraciones y de sobreestimulación
sensorial, para crear un caos de los sentidos en las personas. El resultado
es muy parecido.
Para entenderlo es necesario comprender que el aparato cognitivo humano
tiene estructura de sistema y, como tal, una de sus características
principales es el automantenimiento. Lucha por mantener su identidad, con
independencia de que ésta sea correcta o no. La psicología
se ha percatado de que nuestro sistema queda fijado entre los tres y los
siete primeros años de vida. Nadie cambia. Bueno, nadie es una palabra
demasiado grande... La inmensa mayoría de las personas no cambian,
sino que pasan la vida realizando movimientos de adaptación, cuando
cambia su entorno, para mantener su sistema original.
En cierto momento, la humanidad descubre los enteógenos. No sólo
la humanidad, ya que los animales también consumen enteógenos,
por lo que yo diría que estamos hablando de algo inherente a la vida.
Con estas substancias se puede desestabilizar el sistema de forma periódica.
El correcto uso de enteógenos permite romper el sistema cognitivo
para aumentar su complejidad y, por tanto, su capacidad de adaptación
eficaz a la vida. A menudo es doloroso, ya que el sistema evita a toda costa
el desequilibrio, pero también es cierto que del caos surge la mayor
creatividad. Es muy importante recalcar que debe hacerse un buen uso de
ellas porque son substancias muy potentes. No es por casualidad que otras
sociedades las tengan por asuntos sagrados a los que tienen muchísimo
respeto.
¿Cuándo comienza Occidente a trabajar con enteógenos?
Hablando sólo del presente
siglo, Albert Hofmann descubrió el LSD en 1943, y el laboratorio
que lo sintetizaba comenzó a difundirlo entre los psiquiatras. Se
utilizaba en ámbitos clínicos con dos fines: para que los
psicoterapeutas vivieran el caos de la psicosis por unas horas y mejorasen
así su praxis profesional; por otro lado, en terapia se empleaba
justo para lo contrario: para reestructurar trastornos de la personalidad,
de conducta, etc. Se obtuvieron magníficos resultados en la desintoxicación
de alcohólicos y heroinómanos. También había
en aquella época, aunque no se hablaba de ellos porque no molestaban.
Yo diría que se produjo una confluencia histórica porque,
casi al mismo tiempo, la Generación Beat estadounidense descubrió
los hongos psilocíbicos mexicanos y la marihuana. Era un movimiento
artístico: pequeñas minorías de escritores, poetas,
filósofos, psicólogos... Aprendían de los indígenas
a experimentar con mucho respeto. No era un juego. Descubrieron algo que
les permitía percibir la realidad de una manera radicalmente distinta
y que podían incorporar después a su vida cotidiana.
Pronto los mismos Beat descubren el LSD, que se fue expandiendo ya excesivamente.
Se perdió un poco el control y el respeto a estas substancias. Pero
también fue un gran experimento histórico en una sociedad
como la nuestra, en la que el cristianismo había cortado siglos atrás
toda experimentación con substancias psicoactivas. Sólo escapó
el alcohol, su propio psicótropo.
Pero vuelve la prohibición...
Sí. En 1964 el presidente Johnson prohibe algunas substancias psicoactivas.
Sobre todo los enteógenos porque permiten aumentar la libertad de
la persona. Vivir una situación de desestructuración mental
y ser capaz de salir de ella, como siempre sucede, hace que el individuo
descubra nuevos recursos en su propio inconsciente.
Se impulsa la investigación con otros psicótropos, que con
el tiempo han terminado por originar compuestos como el Prozac y toda la
familia de barbitúricos, antidepresivos y euforizantes oficiales.
Lo último es el Viagra, que no es exactamente psicoactivo pero puede
actuar como tal.
En este sentido, ha habido una clarísima cuestión política:
¿por qué unas substancias sí y otras no? Se sabe que
se prohibieron las que consumían grupos que no estaban de acuerdo
con el poder establecido. Estrictamente hablando, no tienen nada que ver
la prohibición o la legalidad con el potencial adictivo de las substancias.
Los psicótropos legales son tanto o más adictivos que los
ilegales. Piensa en el alcohol o el tabaco.
¿Qué postura puede adoptar el científico frente a
estas cuestiones?
Deberíamos dejar de hacer caso a los políticos. Ellos que
hagan su trabajo e intenten hacerlo bien porque, salvo aisladas excepciones,
lo hacen bastante mal. Para mí carece de importancia lo que digan.
Nadie puede opinar sobre asuntos de los que ignora casi todo. Ellos además
legislan. Y muchos son consumidores de substancias ilegales como la cocaína,
con lo cual para mí no merecen mucho respeto. Los científicos
debemos ceñimos a nuestro trabajo, hacerlo con responsabilidad, con
rigor y basta. No se trata de soliviantar a los políticos. Se trata
de ignorarlos.
¿Qué camino siguieron los terapeutas interesados en experimentar
con estados modificados de consciencia tras la prohibición?
El psiquiatra estadounidense Stan Grof, uno de los padres de la psicología
transpersonal cuya teoría parte del LSD aplicado en psicoterapia,
comenzó a buscar tras la prohibición otros mecanismos para
modificar la consciencia y encontró un tipo de respiración
que practican los esquimales y algunos grupos religiosos orientales. Estas
sociedades habían descubierto que la hiperventilación pulmonar
baja el oxígeno en el cerebro y produce un estado modificado de consciencia
muy parecido al causado por ciertas substancias. Y de una forma rapidísima:
de diez a veinte minutos.
Para mí, sin embargo, otro psiquiatra mexicano es mucho más
interesante que Grof. Salvador Roquet había aprendido de los distintos
grupos étnicos de su país a utilizar plantas psicoactivas
muy potentes: la datura, el ololiuhqui, el peyote... Captó su tremendo
potencial terapéutico y, de una forma alterativa de alcanzar un efecto
muy parecido. Además, utilizando sólo técnicas de respiración,
si alguno de los participantes se asusta mucho porque encuentra cosas muy
oscuras de su vida o muy dolorosas, puede dejar de respirar de esta forma
específica y en un par de minutos recupera su estado normal.
¿Es frecuente que las personas quieran echarse atrás?
Casi nunca ocurre, pero puede ocurrir. En cambio, una vez que has consumido
alguna substancia ya no puedes escapar del viaje. Por eso con toxicómanos
es mucho más práctica la substancia ya que, en general, son
personas que rehuyen un encuentro consigo mismas. Con técnicas de
respiración a la mínima saltaran y con substancias no pueden
escaparse. Son situaciones muy fuertes y eficaces que exigen del terapeuta
una elevada resistencia e integridad personal. Algunos pacientes llegan
a recordar violaciones sufridas cuando eran pequeños. Reviven situaciones
traumáticas que estaban tapadas por la memoria porque son demasiado
dolorosas como para tenerlas dando vueltas por la cabeza. Estas situaciones
hay que tratarlas con mucha precaución y paciencia, porque desmontar
los mecanismos de defensa de otra persona no es un juego. Si los tiene es
por algo.
¿Cómo se afronta el tratamiento
de toxicómanos?
Hasta ahora se ha hecho un grupo piloto. Ha habido diversos casos aislados,
pero como objeto de análisis científico este es el primer
grupo con todas las exigencias metodológicas. Estaba formado por
personas que venían de una clínica francesa y otra española.
Todas ellas tenían un elevado nivel de conflictividad, llevaban tiempo
sometiéndose a distintos tratamientos y no había forma de
que superasen su compulsividad en el consumo. A todas se les explicó
en qué iba a consistir el tratamiento que, por supuesto, era voluntario.
Firmaron un papel haciéndose responsables. También se avisó
a sus familias para que dieran su consentimiento, aunque todos eran mayores
de edad. Las familias estaban muy hartas del problema y dispuestas a todo.
Y a los toxicómanos tomar substancias les hace cierta gracia.
Existen tres cuestiones básicas a tener en cuenta para hablar de
toxicomanías. Por un lado, es necesario entenderlas como comportamiento
compulsivo. El centro de la cuestión no es la substancia en sí.
Uno puede ser ludópata, adicto al trabajo, a una secta, tener anorexia
o bulimia. Lo importante es el origen de la compulsión. También
debemos tener en cuenta que estas personas sienten un gran vacío
interior del que, a menudo, no son conscientes. Un vacío que llenan
justamente con el comportamiento compulsivo. Tampoco suelen tener herramientas
adecuadas para expresar su problema. Se trata de un mal endémico
de nuestra sociedad que los toxicómanos viven de forma muy especial.
Existe una dramática ausencia de lenguaje capaz de referirse a nuestro
mundo interno. Por ejemplo, disponemos de una única palabra, amor,
para describir los sentimientos que nos unen a un amigo, a una esposa, a
un animal... y todos sabemos que no son idénticos.
En fin, partiendo de estas tres premisas, he organizado un protocolo terapéutico.
Una vez escogido el grupo comencé a hacer análisis de sueños
con cada uno individualmente una vez por semana.
Partes entonces de una perspectiva psicoanalítica...
En parte, sí. Me siento miembro de la escuela jungiana. No soy un
seguidor ortodoxo, pero los trabajos de Jung son una muy buena matriz para
el análisis de sueños. De hecho, parte de mis investigaciones
antropológicas tienen que ver con eso. He estado estudiando cómo
analizan los sueños los jíbaros, los beréberes, los
kurdos... Esto permite ver cómo cada sociedad elabora sistemas de
análisis muy parecidos para entender lo que está pasando dentro
de las personas.
Analizo los sueños con dos fines. La persona me los cuenta y yo interpreto
según lo que refleje su material onírico, pero también
voy informando al toxicómano para que podamos trabajar ambos. Voy
explicando el significado de cada símbolo onírico en la medida
que lo pueda entender, y le enseño a integrarlo en su vida cotidiana.
De esta forma yo llego a saber dónde está cada uno de ellos,
cual es ese vacío que le conduce a una conducta compulsiva, y ellos
van entendiendo que el mundo interior no es solamente una cuestión
de pulsiones locas y fantasías, sino que tiene un sentido muy estructurado
y riguroso. Van adquiriendo lenguaje para expresarse.
Cuando todos comienzan a saber moverse en este campo, realizamos sesiones
de análisis grupal. Entre todos interpretamos los sueños e,
incluso, los escenificamos, para que cada uno pueda vivir sus personajes
más dramáticos y ver qué otras memorias remotas de
su biografía se despiertan. Se genera un fuerte espíritu de
grupo porque cada uno se desnuda delante de los demás, ya que en
los sueños está todo lo que llevamos en nuestro inconsciente.
Además, como cada uno tiene un mundo interior distinto, salen a relucir
símbolos que nunca han aparecido en los sueños de algunos
de ellos, con lo cual aprenden más y más rápidamente.
Cuando se ha generado ya una buena dinámica de grupo, hacemos la
primera sesión con ayahuasca.
¿Cómo transcurren estas sesiones?
Les pido que traigan elementos que sugieran cosas de sus propias vidas:
fotografías, objetos significativos... La ayahuasca es apropiada
en este sentido, porque nos hace viajar hacia el pasado. Sirve para ver
lo que está pasando dentro de uno. Es como coger el inconsciente
y darle la vuelta para que salga todo lo que está ahí encerrado.
Cuando los toxicómanos están bien cogidos por los efectos
del enteógeno, todas sus defensas han bajado y el inconsciente está
aflorando, hacemos una sesión de puro psicoanálisis apoyándonos
en muchos estímulos. Les pido que saquen sus fotografías y
hablamos de lo que vemos en ellas. Si no es suficiente, proyecto alguna
sobre alguna de las paredes de la sala. De repente, uno de ellos ve a tamaño
gigante a su padre que lo está mirando. Bajo el efecto de la ayahuasca
es un estimulo descomunal que ayuda a que termine de salir todo. Las sesiones
duran diez o doce horas. Volvemos a tomar substancia cuando baja el efecto
y sugiero que cada uno vaya guiando su viaje para aprovecharlo al máximo.
Yo hago de chofer en esa excursión psíquica, pero es cada
uno de los participantes el que decide a dónde quiere ir.
Supongo que tú también tomas ayahuasca en las sesiones...
No sólo seria insoportable para mí no tomarla, sino que me
convertiría en un elemento perturbador. Un médico no puede
administrar enteógenos sólo por el hecho de serio. Cambian
las relaciones con el mundo y con uno mismo. Estas sesiones sólo
las pueden llevar personas muy entrenadas que puedan manejar la nueva realidad.
De pronto, el paciente ya no te ve como un terapeuta, sino que literalmente
te ve como su padre, como un dios... ¡o como un gusano! Algunas personas
se ponen a llorar, otras a reír, otras se desesperan y se angustian
mucho, otras viven un estado místico ante la certeza de saber lo
que llevan dentro... De todas formas, tomo menos cantidad que ellos porque
tengo que controlar la situación.
En la terapia con enteógenos es imprescindible ser absolutamente
sincero, porque todo el mundo sabe quién quiere representar un papel
y quién está hablando desde el corazón. El terapeuta
no es una excepción y para eso debe conocerse -y haber sido capaz
de aclarar sus zonas oscuras previamente o, por lo menos, saber dónde
están y haber aprendido a convivir con ellas. Produce cierto miedo,
porque a nadie le gusta encontrarse con sus partes vergonzosas, sus partes
dolorosas y sus recuerdos amargos.
Al día siguiente volvemos a hacer terapia grupal para entender qué
ha pasado durante la sesión. Hablamos durante todas las horas que
haga falta y elaboramos la experiencia vivida. Gracias a las terapias previas,
los participantes disponen de un lenguaje para expresar lo que les ha sucedido.
Al cabo de tres días lo analizamos de nuevo con más perspectiva
y se pasan de nuevo los tests que sirven para objetivar el cambio. Un par
de semanas más de análisis de sueños, otra sesión
de ayahuasca... Normalmente, con tres o cuatro sesiones de ayahuasca es
suficiente para reestructurar el comportamiento compulsivo.
¿Los resultados obtenidos han satisfecho tus expectativas?
Sí. Es fantástico porque en unos meses las personas pasan
de vivir de forma desordenada a descubrir, de pronto, que su existencia
tiene un sentido profundo. Conocen el vacío interior en el que estaban
viviendo y han sido capaces de descubrir el origen de sus problemas. Se
atreven a mirar a su abismo cara a cara y muchos de ellos consiguen llenarlo
porque encuentran su lugar en el mundo. Entonces, el problema de conducta
compulsivo desaparece. Ya no se trata de no volver a acercarse a nadie que
fume marihuana o que se meta cualquier otra cosa para evitar tentaciones.
Cuando llenan su vacío ya no tiene ningún sentido volver a
engancharse. La mayoría no quieren ni que se les denomine ex-toxicómanos.
Sin embargo, en muchas terapias de desintoxicación se trata de
aislar al toxicómano. Se aleja de él a aquellas personas que
beban de vez en cuando o que fumen porros...
Es un error. No hay nada que genere más ansiedad a un ser humano
que el que le digan: "esto nunca más". ¡Por favor!
¡Es tan grave decir nunca más! Es una fuente auténtica
de ansiedad que conduce a intentar apagarla como sea, manteniendo el mismo
comportamiento compulsivo o cambiándolo por otro nuevo. No sirve.
¿Cómo se conjuga toda esa experiencia dolorosa aunque prometedora
de los enteógenos terapéuticos y rituales con el uso lúdico
que mucha gente hace de ellos?
Como abren el inconsciente y en el inconsciente no hay formas, cada uno
puede dar el sentido que quiera a la experiencia vivida a través
de ellos. Cuando en los años 50 creían ver una psicosis, la
veían. En los 60 buscaban la iluminación rápida, el
éxtasis divino, y también lo encontraban. Si uno sólo
busca lucecitas de colores, sólo encuentra lucecitas de colores.
Cada uno puede proyectar lo que quiere en la pantalla del inconsciente.
Pero también es cierto que romper el sistema cognitivo es algo delicado,
porque cambia tu forma de relacionarte con el mundo y pueden reaparecer
cosas que no quieres recordar, sepultadas por tus defensas, que si están
ahí siempre es por algo. A las personas nos cortan la vida las promesas
que nos hemos hecho cuando éramos pequeños. Si alguien nos
humilla de niños prometemos que nunca más vamos a permitirlo;
si sentimos que nos abandona alguien querido prometemos que nunca más
nos van a abandonar y, por lo tanto, nunca más queremos a nadie para
no volver a sentimos en manos de otra persona. Esas son las cosas que nos
cierran a la vida, pero si hemos llegado ahí por algo es: porque
un lejano día nos sentimos muy desprotegidos y tristes. Por eso es
delicado tomar enteógenos. Tampoco puede uno ir rompiendo su sistema
cada dos por tres. Yo diría que son substancias mucho menos delicadas
de lo que los prohibicionistas nos quieren hacer creer y un poco más
delicadas de lo que creen los jóvenes que las toman en discotecas
para divertirse.
Dicen que son substancias muy tóxicas...
También son mucho menos tóxicas de lo que nos quieren hacer
creer. Por ejemplo, los últimos estudios serios que se han hecho
sobre el éxtasis han llegado a la conclusión de que no sólo
no rompe conexiones neuronales, sino que las aumenta. Parece ser que hay
un efecto parecido al de la poda: cuando podas un árbol al principio
se queda sin hojas, pero reverdece con más fuerza que antes. Se está
poniendo de relieve que el éxtasis, a medio plazo, aumenta las sinapsis
neuronales. ¿Cómo pueden tener prohibida una medicina así?
Con esto no quiero decir que usada de una forma absurda, tomando una pastilla
detrás de otra, no pueda ser nocivo como cualquier otro medicamento.
El problema es la prohibición, ya que con ella se impide enseñar
seriamente a tomar enteógenos, se obliga a los psiconautas a adquirir
no se sabe qué en el mercado negro, se criminaliza la vida privada
y todo lo demás.
La gente parece estar cada vez más interesada en obtener una visión
amplia de estos asuntos, a juzgar por el interés creciente de las
editoriales...
Todos queremos saber. Dirijo una colección, Cogniciones, en la editorial
Liebre de Marzo. Es una colección estrictamente científica,
aunque no sólo para eruditos. Son libros que se venden muy bien.
Estoy convencido de que existe una gran ola pública que se está
dando cuenta del engaño en que nos tienen metidos los políticos
prohibiendo 'las drogas'. Como si todas fueran lo mismo y como si hablar
de drogas no fuese un error, Casi todo lo que se vende en las farmacias
es droga. Esto no es una afirmación marginal: lo reconoce cualquier
laboratorio que las fabrique. El argumento de la adicción es absolutamente
falaz, no tiene ningún sentido ya que el problema, insisto, es la
estructura de personalidad de algunos individuos.
Algunas drogas, además, consiguen establecer vínculos entre
las personas...
Vínculos emocionales. El éxtasis facilita las relaciones amorosas.
No las relaciones sexuales pero sí la apertura emocional. Hasta que
lo prohibieron en Estados Unidos, se utilizaba mucho en psicoterapia de
pareja y el porcentaje de éxito era muy elevado. Normalmente, los
problemas de pareja aparecen porque se va creando un bloqueo emocional,
un bloqueo en la comunicación. El éxtasis permite reabrir
la auténtica comunicación emocional, que no es un simple intercambio
de información. Pero también es necesario distinguir: no vas
a casarte con tu amiga porque hayas tomado éxtasis y os sintáis
enamorados aquella noche. Espera a que pasen un par de meses porque un matrimonio
es algo más complejo que todo eso. Hay que tener claras cosas así
de simples.
Al hablar de enteógenos es inevitable, sin embargo, hablar de
malos viajes. Se dice, por ejemplo, que es peor tomar menos dosis de la
necesaria que pasarse un poco.
Tienes razón. Con los enteógenos es mucho peor una infradosis
que una sobredosis, porque te quedas a caballo entre dos mundos y esto genera
un nivel de ansiedad descomunal. En las sesiones en las que hay un experto
queda anulada esta posibilidad. De hecho, en una sesión guiada con
serenidad y experiencia nunca hay malos viajes.
Existen tres elementos de vital importancia. El primero es la substancia
en si, la pureza y la cantidad que tomes. El segundo elemento es la propia
persona, sus defensas psicológicas y sus miedos, lo que lleva en
su memoria interior, su predisposición aventurera o psiconáutica.
La mitad de las personas que toman ayahuasca por primera vez no notan el
efecto porque no lo reconocen. Tienen unas defensas psicológicas
tan fuertes que no las rompen ni con eso, El tercer elemento básico
es el entorno. Como cambian todas las relaciones, uno tiene que sentirse
seguro en el medio que le rodea. Un mal viaje se debe a la carencia de alguno
de estos tres ingredientes: una infradosis, algún conflicto muy escondido
que produzca mucha angustia o un entorno agresivo o no protegido. En las
sesiones que yo realizo el entorno es seguro, la dosis es adecuada y el
propio grupo actúa de contenedor psicológico de la experiencia.
Personalmente, me cuesta entender a los que toman enteógenos sólo
para divertirse, pero tampoco es peligroso. En España, haciendo un
cálculo prudente y partiendo de datos estadísticos, pueden
tomarse unas trescientas mil dosis de éxtasis cada fin de semana
y prácticamente no existe ningún accidente. Los casos hospitalarios
de intoxicación por éxtasis se pueden contar con los dedos
de la mano. Y además casi nunca es éxtasis sino que, gracias
a la prohibición, son substancias adulteradas, a menudo tóxicas.
Una pastilla que se toma masivamente sin ningún control médico,
sin prospecto que explique cómo tomarla ni sus contraindicaciones
y sin que ocurran apenas accidentes, es obvio que no es peligrosa. | |